miércoles, 18 de enero de 2012

EL AÑO DEL DRAGÓN

Hacía más o menos un año que no escribía nada pero hoy he decidido colgar un relato. No suelo acostumbrar a postear relatos o cuentos, pero siempre hay una primera vez, no?



EL AÑO DEL DRAGÓN



A LA SOMBRA DE ANTRAX
Hacía ya seis años que no veía las adoradas montañas de Alora, el Chorro. Todo lo que le rodeaba le resultaba tan familiar que incluso le asustaba. En aquel instante recordó porqué se había ido de allí y volvió a su mente como una gran ola que todo lo arrasa a su paso.

Giró  la esquina del camino, ese camino ancho y de piedra acostumbrada al paso de toda clase de furgonetas. Parecía que en aquel polvo y aquella tierra estaba escrito su pasado. Había recorrido muchas  veces ese sendero y los recuerdos se peleaban por salir: Las cervezas en el Bar de “la Isabel” picoteando tapas, el humo de los cigarros y el aire de la montaña.
Podía ver el colorido atuendo de los que poblaban casi todos los días aquella terraza de bar. Oía sus voces rasgadas por las noches de cante y tabaco.

Aun podía escuchar sus conversaciones sobre vías, cintas exprés, arneses… todo aquel vocabulario que le resultaba tan familiar. Todo aquel paraje no había cambiado  tanto. Eso sí, Isabel, ya no regentaba el lugar. Ya no se la escuchaba desde fuera canturrear  las canciones de Rocío Jurado y reírse con las tonterías que le decían. Su frase _ ¡Niiiñooo aquí tienes er café!_ ya no resonaba en el Bar de la estación. Isabel ya era muy mayor cuando ella frecuentaba el lugar y ahora, sencillamente, ya no estaba.

Allí permanecían las grandes montañas del Chorro y su vía más conocida: Ántrax. Largas y áridas paredes de unos 300 m que habían sido abrazadas por un sinfín de escaladores  durante años y años. Eran de un color gris blanquecino al alba pero a medida que avanzaba el sol se volvían más brillantes. Zigzagueaban entre los arbustos enganchados grandes vetas amarillentas que cuando llovía se volvían oscuras y amenazantes. Grietas que desvelaban como en una mujer la belleza de la edad en la roca. Y siendo observadora se podía ver como la pared  guiñaba destellos plateados que surgían de los enganches de las vías, llamados en el argot de los escaladores “chapas”. Esas chapas donde tanta gente había suspendido sus sueños de conquista de la madre roca. Esa roca con la que se fusionaban  formando un todo con la “pacha mama”. Ella que los abrazaba y que a veces también los repelía.

Miró  dentro del bar pero no había nadie. ¿Qué había sido de toda la gente con la que había compartido tantos años de su vida? ¿Habrían huido ellos también de su rutina pagando un precio tan alto como era  alejarse de ese maravilloso lugar?

Sin saber cómo se vio sentada en la terraza con una caña de cerveza disfrutando ese delicioso sol que alimentaba toda la provincia. Mientras se deleitaba alguien se sentó a su lado. No notó la presencia hasta que una voz rompió el silencio.
Ella lo miró como quien mira un fantasma, pero poco a poco recobró la cordura. Lo saludo con la familiaridad que se esperaba de una amistad forjada por encuentros de fin de semana, y charlas de escalada bajo la sombra de un árbol de la mano de una “cervecita”.

Por su forma de  hablar se diría que no había pasado el tiempo y a pesar de que ella sabía que sí, le gustaba volver a esos días y disfrutar de ese estado de cotidianidad cercana. Él le habló de sus viajes y de su fastuosa producción de toda clase de utensilios de cuero. Parecía que el negocio le iba muy bien. Su conversación era amena y casi sin darse cuenta se vio rodeada de todos los que antaño formaban su pequeña familia del Chorro.

 Por un momento cerró los ojos y se transportó a aquellos días. Resonaban de fondo el eco de unos timbales  con un ritmo que parecía salir de lo más profundo de Marruecos. Los olores eran una mezcla de tabaco, hachís y chimenea de leña.

 Las risas la hicieron regresar de su particular retiro y observó la escena que la rodeaba ¿Realmente no había pasado el tiempo? Aurora miró al cielo y creyó ver un destello ahí arriba, donde Ántrax reinaba y vigilaba a los pobres mortales que intentaban coronarla. El tiempo se detuvo para ella y todo se volvió oscuro.

  AURORA

El frío se le había clavado en las mejillas de una forma imperante. Notó como algo le resbalaba desde las sienes hasta la comisura de los labios. Tenía mucha sed y el frío era cada vez más insoportable. Trató de mirar a su alrededor pero algo reseco se lo impedía, quizás la misma sustancia que resbalaba por sus sienes se había solidificado en sus ojos.

 Arrastrándose pudo llegar hasta lo que parecía una silla. Era de metal y lo suficientemente pesada  para aguantar el peso de su cuerpo sirviéndole de ayuda para levantarse. Lo consiguió y tanteando la habitación llegó a lo que le pareció un pequeño lavabo. Abrió el grifo y se enjuagó. Ahora sí, aunque con dificultad, pudo abrir los ojos y se vio en el espejo que tenía delante. Las arrugas habían ocupado todo su rostro y se le dibujaba una expresión de dolor e incertidumbre. La sustancia misteriosa, su sangre, manaba a borbotones desde la cabeza envolviéndola como un celofán macabro.
Se palpó las facciones, no se reconocía ¿Quién era aquella anciana que la miraba desde el otro lado del reflejo con la cara ensangrentada?

Gritó y su voz se ahogó con un llanto que la asoló desde lo más profundo de su alma. Y entonces oyó como se abría la puerta. Una mujer joven con el cabello rojo y una bata blanca apareció ante ella. Reconoció aquellos ojos que la miraban con una extraña ternura y que pronunciaban su nombre _Ven Aurora, guapa, que te voy a curar esa herida_

Ya en la enfermería miró a su benefactora y trató de explicarle lo que había vivido y visto hacía unos minutos. Le contó que había estado en su tierra, Alora, con sus amigos de toda la vida y que de pronto se había transportado a esa habitación fría donde sangraba sin saber porqué. El rostro de la mujer mutó. Su gesto se tornó duro, helado. Trató de disimularlo por lo que la miró fijamente al mismo tiempo que le decía: _No te preocupes, bonita, todo va a salir bien, ya verás cómo sí_ la abrazó fuerte y cuando se despegó de ella le cogió con suavidad el brazo y le inyectó algo que tenía en una jeringuilla. Aurora la miró y entonces supo que nada de lo que dijese tendría importancia. Notó como la sustancia entraba a empujones por su brazo dolorido  y al mismo tiempo observó como penetraba en el. Tenía la piel pegada al hueso y las venas eran como grandes montículos que  sobresalían amenazantes. Todo el antebrazo era una explosión de colores,  pasando del morado más intenso al rosáceo y terminando con un amarillo terrizo que le daban un aspecto decadente.


 EL AÑO DEL DRAGÓN

[…7 de marzo del 2006

“Diario de cuerdas y rocas”
Para mi madre, mi hermano y para ti Oriol, que supiste entenderme y hacerme tan feliz.
Mi nombre es Aurora Martín. Según la creencia china  soy una de las hijas del Dragón porque nací el 7 de marzo de 1976, año del Dragón.  Dicen que por eso soy tan intrépida y aventurera quizá también por eso desde pequeña me han atraído los deportes de aventura sobre todo la escalada.
Empecé a la temprana edad de 7 años arañando las vías de las paredes del Chorro y cuando conseguí coronar Ántrax, con 15 años, me di cuenta de lo que quería hacer el resto de mi vida.
Así que quiero agradecer al Dragón la fuerza que siempre me ha dado para enfrentarme a mis retos.
Hoy  es el día de mi 30 cumpleaños y por eso he decidido intentar mi mayor reto hasta la fecha: coronar el monte Annapurna de 8.091 metros en la cordillera del Himalaya en Nepal.
Con este diario pretendo dejar constancia de mi hazaña si lo consigo aunque  podría ser mi despedida en el fatal caso de que la expedición se tuerza, y no vuelva a casa.
 Estas palabras son para vosotros.

“El mundo está en las manos de aquellos que tienen el coraje de soñar y correr el riesgo de vivir sus sueños” (Paulo Coelho)

Este es mi sueño y correré el riesgo…]

Su pelo era rojo, tanto que dolía mirarlo cuando se reflejaba el sol en el. Tenía una peculiar forma de atender a los enfermos. Ella creía que con cariño sería más fácil que sanasen y por eso les daba una atención casi personalizada, su nombre era Ángela y como un ángel cuidaba de los pacientes del psiquiátrico. Sin embargo con Aurora tenía especial cuidado. La admiraba y le enternecía su fatal historia.

Siempre  iba a verla para comprobar si estaba bien o si tenía alguna herida. Aurora sufría un desequilibrio mental y  tendencias suicidas .La internaron con 32 años después de reponerse de un fatal accidente de montaña. Era una alpinista de élite, pero en su expedición más complicada casi perdió la vida. _Pobre mujer, quizá hubiese sido mejor para ella morir en aquel accidente que vivir este calvario de alucinaciones y autoagresiones diarias_ se decía cuando salía de la habitación.

Esa noche había sufrido una de sus crisis más violenta, tanto que casi muere desangrada. Pero a pesar su edad tenía una fortaleza excepcional.

Descansaba intensamente. Su respiración golpeaba en una sinfonía de silbidos y ásperos suspiros, más propios de un animal que de una persona. Pero aquella música se debía únicamente a que tenía un sueño muy profundo.

Todos los días le contaba a su enfermera favorita donde había estado esa noche, como si de un viaje astral se tratase. Ella así lo creía. Con su mente visitaba sitios de su pasado y otros donde nunca había estado, curiosamente siempre daba detalles precisos de esos lugares y de las personas que allí habitaban pero el diagnóstico que pesaba sobre su cabeza le impedía ser verosímil. Los locos no son creíbles.

Aquella noche parecía una noche más en el psiquiátrico. Todos los internos dormían y aun más la anciana escaladora, que había sufrido un episodio bastante fuerte. Pero hoy para Aurora era una noche especial. Era su cumpleaños. La hija más fuerte del Dragón cumplía 60 años.

Una brisa leve pero cálida acarició las mejillas de la anciana y esta a pesar de las drogas que inundaban su cuerpo abrió los ojos. Miró hacia la ventana y con una fuerza misteriosa la abrió y se subió. Una luz intensa y blanca la iluminó, la  luna estaba llena. Aurora miró a la luna con los ojos tan abiertos, tan jóvenes y tan sanos que parecía imposible que aquella mujer estuviese enferma. Todas las arrugas de su cuerpo poco a poco fueron desapareciendo como si alguien las borrase con extrema delicadeza. Abrió los brazos y dio un paso hacia fuera. El aire la abrazó y se precipitó hacia el suelo. Cuando parecía que su cuerpo se estrellaría contra el patio de la institución una sombra enorme y fulminante la arrancó del vacío. Era un animal alado. Poseía un gran cuerpo repleto de escamas rojas y doradas. Avanzaba por el cielo escupiendo fuego mientras se alejaba con Aurora montada en su lomo. La hija del Dragón volvía a su tierra. Regresaba para seguir ascendiendo a los cielos por siempre.






7 de marzo 2036 titular del periódico el Sur


Fallece la reconocida alpinista Aurora Martín de un infarto a los 60 años de edad en su habitación del Hospital psiquiátrico San Antonio de Málaga. 

5 comentarios:

Pilar dijo...

¡qué alegría encontrar la luz encendida en tu casa!

...bueno ahora voy a leerte.

MJ Giró dijo...

Desde el privilegio de quien ha escuchado el relato de viva voz: ¡Eres una artistaza!

LISS dijo...

Aunque tardisimo....(porque esto no me chivatea los comentarios!!!!)MUCHAS GRACIAS MJ!!!!!Tu si que eres una artista. :))

Sergio dijo...

Yo sí que llego tarde, ni me había enterado. Cuando visites tu blog verás este tardío comentario. Me ha gustado esa faceta cuentista. Todo vale o valía en este blog que como dice Pilar tenía la luz encendida en ¡Enero!

S. dijo...

Hola, soy Sergio Houellebecq. El blog sigue pero aquí:http://sergioblog44.blogspot.com.es/ En fín...